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Minerales críticos: ¿una oportunidad para Chile en el liderazgo global?
José Miguel Ortiz, gerente de Desarrollo Minero
En medio de un escenario internacional marcado por tensiones geopolíticas, posibles disrupciones en las cadenas de suministro y una carrera acelerada por la transición energética, Chile posee ventajas estratégicas indiscutibles: sus recursos minerales, sus recursos técnicos y profesionales de alto nivel, bases legales, medioambientales y tributarias robustas, y un ambiente político institucional estable.
Hoy, nuestro país lidera el ranking mundial de reservas de litio y cobre* y ocupamos posiciones de privilegio en producción de molibdeno y renio, también en yodo, nitratos naturales y plata. Además, poseemos recursos significativos en oro, hierro, potasio, y magnesio. Pero no se trata solo de abundancia geológica, sino de una oportunidad concreta para convertirnos en un actor central del nuevo orden económico global que se construye sobre tecnologías limpias, movilidad eléctrica e infraestructura digital.
Sin embargo, para que esa oportunidad se traduzca en desarrollo real, es necesario avanzar con decisión y sentido de urgencia. La reciente conformación del Comité Consultivo de Alto Nivel para fortalecer la Estrategia Nacional de Minerales Críticos y los pasos dados por el Ministerio de Minería apuntan en ese sentido.
El desafío está en mejorar nuestra capacidad institucional para alinear objetivos, reducir trabas y consolidar una visión compartida. Se requiere una articulación transversal amplia que permita optimizar radicalmente nuestros procesos de viabilidad técnica, medioambiental, participación ciudadana y encadenamiento productivo, que permita posicionar al país como un líder confiable y competitivo en una nueva economía sostenible, ágil y de vanguardia tecnológica. Se requiere avanzar en mejoras focalizadas de nuestras capacidades técnicas de ingeniería y ciencias, para ser capaces de desarrollar proyectos en entornos cada vez más complejos con altos estándares de sostenibilidad. Y, además, debemos desarrollar estos proyectos de manera ágil para aprovechar al máximo la ventana de oportunidad de la transición energética.
La dimensión del desafío es enorme. Según proyecciones presentadas por Cesco, la industria automotriz requerirá tres veces más cobre hacia 2040, solo por efecto del crecimiento de los vehículos eléctricos. Cada uno de estos autos necesita, en promedio, 83 kilos de cobre. Pero esa demanda no podrá ser atendida si Chile continúa paralizado por trámites extensos, diagnósticos inconclusos y una fragmentación institucional que entorpece la inversión.
A nivel global, los equilibrios también están cambiando. Estados Unidos firmó recientemente una nueva orden ejecutiva que incluye al litio y otros minerales críticos en una investigación por posibles aranceles, aduciendo razones de seguridad nacional y vulnerabilidades en las cadenas de suministro. Esta decisión, en el marco de la prolongada guerra comercial con China, podría alterar el flujo global de estos recursos e incluso afectar a empresas que operan desde Chile. Su efecto colateral podría ser una presión a la baja en los precios y una mayor volatilidad en el mercado. Frente a este panorama, Chile debe reforzar su capacidad de negociación, diversificación de alianzas y trazabilidad de origen, consolidando una posición de liderazgo que le permita navegar con autonomía en un contexto internacional cada vez más inestable.
Contar con minerales críticos no es garantía de desarrollo. Implica que asumamos con claridad que la política minera requiere una gobernanza integrada, participación de todos los actores relevantes y una estrategia país que combine sostenibilidad, certeza jurídica y competitividad global. Además, necesitamos seguir trabajando en nuestra capacidad de ejecución: debemos hacer más y mejores proyectos, en plazos acotados.
Los minerales críticos no son solo una materia prima: son insumos esenciales para la autonomía tecnológica y para la sostenibilidad futura. Frente a esa realidad, Chile tiene la oportunidad de convertirse en una potencia responsable que agrega valor, impulsa innovación y asegura bienestar para las próximas generaciones. Sin embargo, la ventana de oportunidad es limitada y lo que definamos en los próximos años marcará el lugar que ocuparemos en el futuro próximo.
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