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Mi paso por las Olimpiadas de París 2024

29 de Agosto de 2024

Víctor Contreras, Gerente General

Hace cuarenta años, tuve el honor de representar a Chile en las Olimpiadas de Los Ángeles como parte del equipo de remo. Ahora, en 2024, he vuelto a vivir la experiencia olímpica, pero desde una perspectiva diferente: como observador en París. La emoción de los JJOO, la energía de los atletas y el espíritu de competencia son sensaciones que no se olvidan, y este viaje fue una oportunidad para revivir esos momentos de mi juventud.

Desde el primer día, la organización en París me impresionó. La logística de un evento de tal magnitud no es tarea fácil y, aunque siempre habrá detalles que afinar, la experiencia completa fue extraordinaria. Desde la amabilidad de los guías hasta la seguridad en cada rincón, todo estuvo diseñado para facilitar la movilidad y el bienestar de los visitantes. Las señales claras, la presencia de personal dispuesto a ayudar, y la seguridad eficiente sin ser invasiva, crearon un ambiente acogedor y seguro.

Uno de los momentos más especiales fue volver a las competencias de remo, esta vez desde las tribunas. En 1984, remé con todas mis fuerzas desde el bote, enfrentándome a cada ola y a cada palada; hoy, como espectador, tuve una perspectiva más amplia del evento. El remo, mi amado deporte, tiene un gran desafío: hacerlo más atractivo para el público. Las regatas de 2.000 metros en línea recta tienen un encanto especial, pero la lejanía de la partida y la falta de elementos que animen la competencia pueden hacer que la experiencia se sienta distante. Aunque había cerca de 10.000 personas cada día, siento que el remo podría beneficiarse de más pantallas, una atmósfera de fiesta, más información y un esfuerzo por crear un ambiente vibrante y emocionante, creando una mística especial que beneficia tanto a los deportistas como a quienes disfrutamos de verlos en acción. Es una tarea que queda tanto para el remo chileno como para el mundial.

En cuanto a nuestros remeros, compitieron con gran determinación. Si bien los resultados no fueron lo que ellos esperaban, cumplieron con las expectativas, especialmente considerando el alto nivel de competencia. Nuestros atletas, que brillaron en los Panamericanos de Santiago 2023, enfrentaron en París a deportistas de élite mundial. Conozco bien a Antonia, Melita, César y Eber, sus historias de esfuerzo y dedicación son inspiradoras. Durante más de una década han demostrado un compromiso constante con el deporte, manteniendo una vida cuidada y centrada en su entrenamiento, saliendo como niños de sus casas, familias, clubes y su vida anterior, al Centro de Entrenamiento. Sin embargo, enfrentarse a la realidad del deporte de alto rendimiento en los mundiales y Olimpiadas nos recuerda que, como país, aún no somos una potencia deportiva. Con una población pequeña y un enfoque limitado en el deporte tanto a nivel estatal como privado, nuestros logros, en ocasiones, dependen de talentos excepcionales, esfuerzos individuales y un poco de suerte.

Nuestros deportistas contaron con una preparación excepcional y del más alto nivel, con el apoyo y compromiso del IND, el Coch y el Plan Olímpico, permitiendo el desarrollo de un amplio proyecto técnico, con una implementación de punta, concentrados nacionales e internacionales, preparación en altura, participación en competencias internacionales previas a los JJOO como Copas del Mundo y regatas internacionales. Esto fue así por primera vez en la historia, y se pudo experimentar un avance considerable de rendimiento de nuestros deportistas para competir de igual a igual con las potencias del mundo. Sin embargo, faltan muchos detalles que debemos comenzar a trabajar, para dar un salto de calidad, subir un escalón y lograr al menos un diploma olímpico en Los Angeles 2028, y entregar una alegría a nuestro deporte y al país. Están las bases, hay un sistema creado, una filosofía de trabajo instalado, una federación estructurada, deportistas con ilusión, muchos talentos que aseguran el recambio generacional y lo más importante, el apoyo de las instituciones gubernamentales.

Más allá del remo, disfruté de otras disciplinas como el atletismo y la gimnasia. Pero lo que realmente me sorprendió fue el ambiente del beach volley. ¡Qué fiesta! Música, DJ, luces, animadores de primer nivel y un público entusiasta que no dejó de divertirse ni siquiera cuando un aguacero cayó sobre nosotros. Fue una verdadera celebración del deporte y del espíritu olímpico.

La ciudad de París, por su parte, estuvo a la altura de su reputación. El centro, completamente entregado a la experiencia olímpica, se convirtió en un gran espacio peatonal con una atmósfera festiva. La “Ciudad Luz” brilló con su gala olímpica, y aunque algunos parisinos puedan haberse sentido invadidos, para mí, fue una experiencia fantástica. La ceremonia de inauguración destacó por su innovadora propuesta de realizarla en la ciudad y no en un estadio, aunque el desfile en barco quizás no logró el impacto visual esperado desde todos los ángulos.

De París me fui feliz, con el corazón lleno de recuerdos y la mente llena de reflexiones. Las Olimpiadas no son solo una competencia deportiva; son un encuentro de culturas, de esfuerzos y de sueños. Como ingeniero y deportista, me quedo con la convicción de que siempre hay espacio para mejorar y evolucionar, tanto en el deporte como en la vida. ¡Nos vemos en la próxima!

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