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Desalación y seguridad hídrica: el rol estratégico de la ingeniería chilena
La desalinización y el reúso de aguas residuales se han convertido en soluciones clave frente a los efectos del cambio climático y la disminución de recursos hídricos continentales. En ese escenario, Chile ha avanzado desde la necesidad hacia la sofisticación tecnológica, impulsando proyectos que abastecen a la minería, la industria y, progresivamente, a comunidades urbanas y costeras.
Uno de los especialistas que ha observado esta evolución desde la ingeniería es Luis Rodríguez, Jefe de Proyectos y del Departamento de Procesos de Pares&Alvarez, quien participará como expositor en el Congreso ACADES 2026, encuentro que reunirá a los principales actores del sector hídrico entre el 17 y 19 de marzo en Metropolitan Santiago.
Rodríguez destaca que la eficiencia y sustentabilidad de una planta desaladora se define desde su concepción. “La ubicación es determinante. La distancia entre la captación, la planta y los puntos de entrega inciden directamente en los costos de inversión y operación”, señala. En la costa chilena, agrega, existen condicionantes complejas como relieves abruptos, ancho costero limitado y coexistencia de infraestructuras industriales y portuarias, factores que pueden ser tan desafiantes como el propio proceso de desalación.
A nivel tecnológico, la industria se encuentra en una etapa de madurez, pero con avances continuos en membranas, filtración, postratamiento y dosificación química, con el foco puesto en reducir consumo energético y extender la vida útil de los equipos. En paralelo, la ingeniería incorpora metodologías colaborativas como BIM, que permiten diseñar sobre modelos digitales multidisciplinarios, anticipando interferencias y optimizando soluciones antes de llegar a la construcción.
La transición hídrica chilena no responde únicamente a la innovación, sino también a cambios estructurales. La disminución de aguas subterráneas y el impacto del cambio climático obligaron a sectores productivos -en particular la minería- a migrar hacia el abastecimiento desde el mar. Ese giro generó una demanda inédita de proyectos de desalación, transporte de agua, reutilización de efluentes y distribución para consumo humano, agrícola e industrial, consolidando capacidades nacionales versátiles. “La ingeniería no resuelve el cambio climático, pero sí habilita las respuestas que la realidad exige”, afirma Rodríguez.
El siguiente salto de la industria hídrica está en la sostenibilidad energética. La integración de energías renovables en plantas desaladoras modifica radicalmente su impacto ambiental y competitivo. “Cuando se reemplaza el uso de acuíferos por agua de mar y se usa energía limpia para operar, pasamos de una solución necesaria a una solución sostenible”, advierte el ingeniero. Este atributo ya no es opcional: los mercados avanzan hacia una producción verde, donde agua y energía convergen.
El desafío pendiente no es tecnológico, sino institucional: acelerar la materialización de los proyectos. Chile cuenta con recursos, conocimiento y tecnología, pero muchos desarrollos permanecen detenidos en etapas de permisos. La utilización de metodologías como BIM y AWP, pioneras en la minería, podría ampliar su alcance hacia proyectos de agua, energía y servicios públicos, permitiendo mejorar constructibilidad, planificación y control de riesgos.
Chile enfrenta un desafío estructural en seguridad hídrica. La combinación de desalación, eficiencia, reutilización y energías renovables se perfila como un pilar para sostener el desarrollo productivo y, al mismo tiempo, fortalecer la resiliencia territorial. En ese contexto, ACADES 2026 se anticipa como un espacio clave para discutir tendencias, tecnologías y modelos de colaboración que definirán el futuro del agua en el país.
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